LA CADENITA DE ORO
CUENTACUENTOS
La Cadenita de Oro
Marcos era un niño algo rebelde, no era malo pero sí un poco trasto. Su madre, Julia, una madre sobreprotectora que acompaña a diario a Marcos al colegio, entrada y salida.
Marcos no salía de casa a no ser acompañado por su madre, siempre pendiente de que su hijo llegue sano y salvo a casa. Julia incluso lo visitaba a la hora del recreo para cerciorarse de que su hijo estaba a salvo y no era maltratado por otros niños del colegio.
Julia enviudó al año de nacer Marcos, lo que hizo que se aferrara a él como único salvavidas. Julia, con su afán protector, le contó a Marcos historias de los peligros que acechaban en la calle, de la existencia de monstruos horribles que se llevaban a las personas que deambulaban solas por la calle y los hacían desaparecer. Le recalcaba a diario los peligros de salir solo a la calle.
Marcos, al recibir los mensajes de su madre desde muy niño, no dudaba de la presencia de aquellas bestias que vigilaban las calles en busca de gente solitaria “En especial niños” le decía su madre.
“Mamá, ¿de qué murió papá? Preguntó Marcos inocentemente a su madre en una ocasión. Su madre, algo sorprendida por la pregunta le dijo. “¿Por qué preguntas eso ahora Marcos?” Julia siempre evitó siempre cualquier conversación relacionada con su padre, menos aún de su muerte.
“He visto a otros chicos del colegio que les acompañan sus padres, supongo que algún día tuve padre y si ahora no está con nosotros que estará muerto” Reprochó Marcos haciendo ver a su madre de que no era tonto y se estaba haciendo mayor y necesitaba saber más sobre el paradero de su padre. En el colegio se hablaba de padres, madres, hermanos… Él no podía participar ya que no tenía hermanos y tampoco sabía nada de su padre.
“Cuando me preguntan en el colegio, no sé qué contestar, tan siquiera sé su nombre, nunca me has hablado de él”
Efectivamente, Marcos se estaba haciendo mayor y Julia se percató de ello. “Vale cariño, mañana cuando salgas del colegio, te cuento todo sobre tu padre ¿De acuerdo?” Le dijo Julia a Marcos que se disponía a cepillarse los dientes y meterse en la cama.
“Está bien mamá, hasta mañana” “Hasta mañana cariño, te quiero”
Al día siguiente, Julia dedicó la mañana a preparar galletas, esas que tanto le gustan a Marcos. Preparó también los macarrones con tomate y chorizo, los preferidos también por Marcos, primero le llenaría el estómago y luego hablarían de papá.
Marcos esperaba a su madre a la salida del colegio siempre en la puerta, esperaba a que llegara y después salía a su encuentro, aún con doce años como contaba, todavía le seguían atormentando los monstruos come niños, su madre, sobreprotectora, estaba encantada de tener a su hijo cerca a todas horas.
Cuando llegaron a casa se dispusieron a merendar. “Venga Marcos, lávate las manos para merendar” - “Voy mamá, tengo hambre”
En la mesa del salón estaban preparadas las galletas en un enorme cuenco de cerámica, dos vasos anchos de leche y una caja de barquillos.
“¡¡Wauuuu!!” Exclamó Marcos cuando vio semejante manjar. “¡Vaya, vaya! ¿Qué celebramos hoy mamá? ¡¡Vaya merendola!!”
“Pero bueno, ¿No puedo tener un detalle de vez en cuando con mi hijo?” Dijo su madre intentando normalizar la anormal situación.
Ambos se sentaron en la mesa y comenzaron a comer aquellas deliciosas galletas que hacía mamá.
“Dime mamá, cuéntame de papá, ya sabes…En qué trabajaba, si era bueno conmigo, cuéntame por favor ”
“Bueno, pues allá va” Dijo Julia mientras cogía otra galleta. “Tu padre se llamaba Antonio, era una gran persona, se dedicaba a cuidar de la ciudad, policía ya me entiendes, pero no un policía cualquiera, era un gran policía. Todo el barrio lo quería y él siempre estaba dispuesto a darlo todo por el barrio, por el barrio y por la familia” Marcos escuchaba con atención cada palabra que salía de la boca de Julia, era la primera vez que hablaba de su padre y al parecer no era un delincuente maltratador.
Después de una larga charla hablando de Antonio, Marcos quedó satisfecho con la historia, ya podía ir al colegio y hablar de su padre con propiedad y orgullo.
Cuando Marcos cumplió los catorce años, Julia empezó a preocuparse, más que nada por las habladurías del barrio, las vecinas cuchicheaban de si Marcos era un chico raro, no salía de casa y no tenía amigos, siempre lo veían acompañado de su madre. Tal fue la preocupación de su madre que acudió al médico de su hijo y le contó todo.
“Es usted demasiado sobreprotectora señora Julia, no hay tal peligro en las calles, es un problema que tiene usted en la cabeza, el niño tiene que salir a la calle y divertirse con amigos, no puede privarle de hacer su vida fuera de casa”
“Lo sé, pero tengo tanto miedo a perderlo, ya perdí a Antonio, si perdiera ahora a Marcos me moriría” Contestó Julia apenada
“Puedo entender cómo se siente y su miedo a perderle pero, intente ponerse en el lado de Marcos, usted también fue niña y adolescente, imagino que saldría a la calle con sus amigas, ¿Quiere quitarle eso a Marcos?
“¿Qué debo hacer entonces?”
“Decirle la verdad, decirle que esos monstruos no existen, que fue todo invención suya, que no hay peligros en la calle”
“Lo intentaré, veré como se lo digo”
Julia salió de la consulta muy confusa. “¿Cómo se lo voy a decir ahora? No puedo, tendré que hacer algo pero no pienso decirle la verdad” Así fue el camino a casa, Julia no quería pasar el mal trago de decirle a Marcos que su madre le había mentido para tenerle siempre a su lado, la odiaría de por vida. Estuvo toda la mañana maquinando, pensando y pensando. Cuando dio la hora, se marchó al colegio a buscar a Marcos como todos los días.
Cuando llegaron a casa, Marcos se encontró con la misma sorpresa que el día en que su madre le habló de papá, en la mesa del salón estaba el cuenco de galletas y barquillos con dos vasos anchos de leche. “Vaaayaaaaa… ¿Qué se celebra hoy aquí?”
“Pero bueno, ¿No puedo tener un detalle de vez en cuando con mi hijo?” Dijo su madre intentando normalizar de nuevo la anormal situación.
Una vez se sentaron y merendaron, Julia sacó un estuchito aterciopelado de color fucsia, lo abrió y sacó de allí una cadenita de oro. “Verás hijo” Comenzó Julia “Me estoy haciendo mayor ¿sabes? y ya no tengo la misma energía que antes, me cuesta mucho moverme y a partir de ahora tendrás que ir tu solo al colegio y todos los sitios, te voy a hacer entrega de esta cadena de oro, era de mi madre ¿sabes? y no es una cadena corriente, esta cadena ahuyenta a las bestias de la calle, siempre que la lleves encima no tendrás que preocuparte de nada, estarás protegido por su poder”
“Pero mamá, a mi me gusta que me acompañes, no necesito salir solo teniéndote a ti” Replicó Marcos haciendo ver que la idea no le gustaba nada, era tal miedo el que su madre le inculcó que no se fiaba de cadenas mágicas ni nada por el estilo.
“Hijo, esta cadena de dará libertad para moverte por donde quieras, ella te protegerá de todo mal”
“Está bien mamá, ¿pero seguirás acompañándome al colegio todavía? Dijo Marcos
“Mientras pueda lo haré”
Pasaron años y Julia cayó enferma, una enfermedad respiratoria que acabó con su vida en pocas semanas.
Marcos falleció a los pocos meses de inanición, Marcos no salió a la calle desde que murió su madre y no por miedo a los monstruos que acechaban para llevarse a las personas que caminaban solas.
Marcos no salió por miedo a perder la cadenita de oro y quedar expuesto a los horrores de la calle.
amc
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