MI AMIGO EL ARBOL

 CUENTACUENTOS

Erase que se era

Mi Amigo el Árbol


Estaba enfadado, muy enfadado consigo mismo. Todo el día conduciendo por aquella solitaria carretera, dejó tras de sí cuatro estaciones de servicio en cuatrocientos kilómetros, incluso paró en uno de ellos a comer un bocado y beber un refresco. Cómo es posible que no se diera cuenta de que la gasolina bajaba durante el viaje. Es la primera vez que le pasa, siempre ha estado pendiente de todos los detalles del coche en los viajes. Sin embargo hoy, allí estaba, apoyado en su coche esperando a que algún despistado pasara por allí y le echase una mano.  Cuando daba todo por perdido, se percató de que se aproximaba a los lejos una vieja camioneta. Sus pasos eran cortos pero seguros, no como su coche que sin previo aviso le dejó tirado en la cuneta. 

Cuando quedaba cerca de un kilómetro para que llegara a su posición, se colocó en mitad de la carretera con los brazos en cruz y movimientos llamativos para hacer ver al conductor de la camioneta que necesitaba ayuda. 

“¿Necesita ayuda jefe?” Preguntó el conductor de la camioneta cuando llegó a su altura.  

“Pues si, me he quedado sin gasolina ¿Hay alguna gasolinera por aquí cerca?”

“Uffff” resopló aquél hombre “La más cercana está a unos cuantos kilómetros, si quiere, le puedo llevar mañana por la mañana, ahora podemos ir a mi casa, cenar algo y dormir, mi mujer guisa de maravilla y ya está anocheciendo, le aconsejo que no se quede por aquí de noche, es peligroso ¿sabe?”

“Bueno, parece que no me quedan más opciones que su propuesta” Rodeó la camioneta y subió al asiento del copiloto. 

“Hola, soy Fran, gracias por la ayuda, no parece que pasen muchos coches por aquí”

 “Hola amigo, mi nombre es Carlos, y si, hay poco tránsito por aquí, yo paso a diario ya que tengo las tierras que cultivo y voy  a trabajar todos los días y es raro cruzarse con alguien por aquí”

“Yo voy al otro lado del estado, por negocios, soy el gerente de una multinacional y viajo mucho pero por esta carretera es la primera vez que paso”

La camioneta paró frente a una pequeña casa baja vieja con un pequeño jardín. “Bueno Fran, ya hemos llegado”

Bajaron de la camioneta y entraron en el jardín. “Usted lávese las manos en aquel pozo, yo le espero en la entrada” Le indicó Carlos. Fran obedeció y se acercó al pozo y comenzó a lavarse las manos. 

Mientras lo hacía, observó como Carlos se paró frente a un árbol que había en la entrada de la casa, un árbol con gruesas ramas y con un tronco fuerte y robusto. Carlos lo acariciaba, lo abrazó y comenzó a charlar con él, acarició sus ramas y sus hojas y volvió a abrazarlo. Cuando Fran llegó a su altura, Carlos cesó su ritual y se adentraron a la casa. 

Allí esperaba la esposa de Carlos, una joven hermosa que le ofreció al invitado compartir mesa con sus hijos y su marido y disfrutar del guiso que tenía preparado. Pasaron una velada encantadora. 

Fran no solía cenar en familia ya que casi siempre estaba de viaje y cuando no, se quedaba trabajando hasta tarde. 

Era agradable como reían y charlaban de sus cosas mientras cenaban. Fue la cena más agradable que recordaba Carlos haber tenido, se les veía una familia feliz. 

Pasó la noche  en el sofá cama del salón, el silencio que se adueñaba en aquella casa era de lo más gratificante, por primera vez en mucho tiempo no descansaba entre tanta paz y tranquilidad. 

Al salir el sol, todos se levantaron al unísono, como si la corneta del campamento de verano les hubiese hecho despertar. 

Casi sin asearse, Fran le dijo a Carlos que ya estaba preparado para ir a la gasolinera a por aquel preciado líquido. 

“Cálmate Fran, aún no hemos desayunado, no seas tan nervioso, cada cosa a su tiempo, relájate y disfruta del desayuno”

Toda la familia se sentó en la mesa de la cocina a desayunar dejando un sitio para Fran con una taza de café. Fran se percató de la situación, se sentó y desayunó en compañía de aquella familia. 

En aquel momento, Fran experimentó la misma sensación que en la cena, un remanso de paz que inunda su cuerpo y provoca que su cuerpo se relaje y no piense en otra cosa que no sea su esposa y sus dos niños e imagina una vida así. Sin agobios, sin problemas, algo inimaginable en su profesión. 

Cuando quiso mirar su reloj, este daban ya las ocho y treinta, se le había pasado el tiempo volando. Miró a su alrededor y no vio a Carlos, su silla estaba vacía y los chicos estaban recogiendo la mesa. 

“¿Dónde está Carlos?” Preguntó Fran a Wendy, la esposa de Carlos. 

“Está fuera, me dijo que cuando termines de desayunar salgas, él ya está preparado” Contestó amablemente

“Vaya, ¿Y porque no me dijo nada? Podíamos haber salido ya…”

“¿Tienes prisa? ¿Qué es eso que tanto te urge solucionar? ¿Acaso no puede esperar?”

“Bueno, si, pero él también tiene trabajo, supongo que no querrá llegar tarde” Contestó Fran algo nervioso

“Si, supongo. Pero hay que priorizar cosas ante todo, es bueno llegar a tu hora al trabajo pero, lo importante es llegar y llegar bien ¿No crees? Si llegas estresado no rendirás lo suficiente, te enfadas, lo pagas con tu entorno y tendrás un día horrible” Replicó Wendy mientras lava los platos del desayuno en el fregadero. 

“Bueno, me salgo, ha sido un placer vuestra compañía, la cena estuvo maravillosa, no sé como agradecéroslo, os estoy muy agradecido por todo Wendy”

“No tiene importancia, anda, marchaos ya”

Cuando Fran salió al jardín encontró a Calos haciendo el mismo ritual que al llegar anoche, acariciaba las ramas de aquel árbol y lo susurraba con cariño. Cuando vió a Fran en la puerta, hizo una reverencia al árbol e hizo un gesto a Carlos indicando que era el momento de partir. Montaron los dos en la camioneta y salieron en busca de gasolina.

Durante el viaje, Fran preguntó a Carlos esa duda que le rondaba la cabeza, no podía irse sin saber  qué hacía con aquel árbol.

“Hay algo Carlos que me gustaría preguntarte ¿sabes?, te observé cuando llegamos a tu casa y cuando salimos y me sorprendió la relación tan extraña que tienes con el árbol que tienes en tu casa. No sé si estoy siendo demasiado curioso y me estoy metiendo donde no me llaman, pero me gustaría que me dijeras qué haces, qué tipo de ritual es el que haces, si no quieres no me lo digas, pero me pica la curiosidad”

“No, claro, no hay problema, nunca tuve secretos con nadie, no me importa contarte, es más, es algo que debería hacer todo el mundo, a mi al menos me funciona. Veras, conozco ese árbol desde hace cuarenta y dos años, tengo cuarenta y dos años, ya era viejo cuando lo conocí, lleva conmigo toda la vida. Mi padre se crió con él y él fue quien me enseñó todo lo que sé de la vida, ese árbol sabe todo sobre mí y mi familia. 

Mi vida no es tan diferente a la tuya ¿sabes?, yo también tengo problemas, la agricultura da muchos quebraderos de cabeza, cuando no llueve viene una granizada y cuando no, una epidemia de langostas, los precios suben y las verduras bajan, me levanto muy temprano para que luego me frían a impuestos personas que no han visto un campo en su vida creyendo que esto es la gallina de los huevos de oro. Aquí si no das el callo no hay dinero, no quiero parecer un quejica, la vida está llena de problemas para todos, y yo, al igual que tú, los sufro a diario. 

Ese árbol me ayuda en el día a día, cuando llego a casa le cuento mis problemas, se los voy dejando colgados en sus ramas, le doy las gracias por escucharme y librarme de ellos acomodándolos entre sus hojas. 

Es algo debes aprender tú también, mi casa y mi familia son sagrados, mi esposa y mis hijos no tienen porque recibir mis quejas y mis problemas. Cuando entro en casa lo hago liberado de todo aquello que me preocupa y me estresa, quiero disfrutar de mi familia y mi familia disfrute de mi. A la mañana siguiente, recojo mis problemas de las ramas de mi amigo el árbol, mucha, muchísimas veces, recojo menos problemas de los que dejé la noche anterior. Inexplicablemente, el árbol me soluciona la gran mayoría de mis problemas mientras yo disfruto de mi casa y mi familia. 


amc


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