EL ZURRÓN DE MONEDAS

 CUENTACUENTOS

El Zurrón de monedas

Erase que se era en Oriente hace muchos muchos años una ciudad en la que vivía un hombre muy muy rico, rico y como suele ser muy muy tacaño. Topamý, que así se llamaba aquel personaje, no conocía la generosidad. Cuanto más tenía más quería. No gastaba más de lo preciso y le gustaba presumir de su riqueza.

Topamý paseaba a diario por el mercado de la ciudad presumiendo de allá para acá pero sin comprar demasiado, y cuando lo hacía era en los puestos con más afluencia de gente para exhibir su zurrón repleto de monedas de plata y oro.

Siempre salía de casa con cien monedas de plata y diez de oro, siempre la misma cantidad, ciento diez monedas que contaba al salir y al entrar en casa.

En esa misma ciudad vivía un muchacho que cuando salía del colegio ayudaba a su madre vendiendo ajos en el mercado. Desde que su padre falleció era él quien se ocupaba del trabajo. El joven, que era algo alocado, soñaba con ser el mejor vendedor de ajos de toda la comarca. Jony Papa no tenía más ilusión en la vida que los ajos. 

“¡Hey joven! ¿Qué valen los ajos?” Preguntó el avaro Topamý a Jony Papa. 

“Llévese una ristra, son de primera calidad y solo le costará una moneda” Dijo el joven

“¿No son un poco caros? ¿Qué tal dos ristras por una moneda?” A Topamý le gustaba regatear, era algo que no podía remediar. Todo le parecía caro. 

“Está usted ante los mejores ajos de la comarca, llévese una ristra y no se arrepentirá” Jony Papa no pensaba regalar sus ajos y menos aún menospreciarlos. 

“Quizá otro día chico, no pienso pagar una moneda por unos simples ajos”

Topamý se dio media vuelta y se fue camino a casa sacando pecho con orgullo. 

Mientras se alejaba, Jony Papa se dió cuenta de que a Topamý se le cayó algo del cinturón.

Jony Papa gritó para advertirle de su pérdida pero ya estaba lejos y no podía dejar el puesto solo para correr hacia él con lo que decidió quedárselo y devolvérselo la próxima vez que lo viese. Cuando lo recogió vio que era un zurrón de cuero, sacudió el polvo y comprobó que su peso era considerable, no era de extrañar que se le cayera del cinturón. Cuando llegó a casa después de su jornada de trabajo se lo enseñó a su madre “Mamá mamá, mira lo que se le cayó al señor Tomamý, mira” 

“¡Vaya! ¿¡Qué tenemos aquí!?” Su madre se puso muy contenta al descubrir que aquel zurrón estaba repleto de monedas de plata y oro

“No te hagas ilusiones mamá, pienso devolverlo en cuanto lo vea. Quizá vaya a su casa y se lo entregue allí” Dijo Joný Papa al ver como a su madre le abrían los ojos como platos.

“¿Estás seguro que quieres hacerlo? Aquí hay mucho dinero Jony Papa, esto nos vendría muy bien, ya sabes que no estamos pasando por buen momento” Su madre pensaba muchas veces que su hijo era tonto a más no poder y detalles de este tipo se lo confirmaban.

“Si mamá, ese zurrón no es mio, no me pertenece y no sería justo que me quedara con él”  

“Hijo, se podría decir que lo has encontrado en suelo, alguien lo perdió y tu lo encontraste. No hay nada malo en ello” Su madre se desesperaba con Jony Papa.

“Ya mamá pero no ha sido así y no harás que cambie de idea. Se lo devolveré en cuanto lo vea” Ese fue el último veredicto de Jony Papa.

A la mañana siguiente, cuando Jony Papa se dirigía al colegio, vió un cartel clavado en una pared que decía 


"Se ha extraviado un zurrón de cuero por la zona del mercado.

El que lo recupere y lo devuelva será gratificado"

Topamý


“Vaya, qué disgusto debe tener Topamý. Iré ahora mismo a su casa y le llevaré el zurrón. Qué contento se va a poner”

Dicho y hecho, Jony Papa se presentó en la casa de Topamý.

“Bien muchacho, qué alegría me das, muchas gracias. Espero que esté todo el dinero” Dijo aquel avaro cuando recuperó su zurrón. 

“Estará todo señor Topamý, yo tan siquiera lo he abierto”

Topamý contó las monedas y no quedó conforme. Este hombre siempre quería sacar tajada de todo. “Chico, aquí me faltan monedas, solo hay cien de plata y diez de oro y yo llevaba doscientas de plata y cincuenta de oro. No sé si lo has cogido tú pero comprenderás no voy a darte ninguna recompensa”  Por más que Jony Papa intentó convencer a aquel ser tan roñoso y avaro, no pudo hacer más que salir de aquella casa sin la soñada recompensa que anunciaba aquel cartel. 

Ya era tarde para ir al colegio con lo que Jony Papa se fue a casa. Cuando su madre le vio entrar cabizbajo y tan pronto, le preguntó.

“¿Qué te pasa Jony Papa?” “¿Ha pasado algo en el colegio?”  Yony Papa le contó todo a su madre que no daba crédito a lo que escuchaba. “Vaya, sabía que ese tipo era tacaño pero no hasta ese extremo” 

Su madre indignada y al ver la tristeza de Jony Papa decidió que debían ponerlo en conocimiento del Juez Rabino el cual al enterarse de tal fechoría hizo que al día siguiente se presentaran ante él Jony Papa y Topamý para aclarar los hechos.

Al día siguiente, después de que cada cual contara su versión, el juez Rabino tomó cartas en el asunto. 

“Bien Topamý, y dice que tu zurrón contenía doscientas monedas de plata y cincuenta de oro, ¿Es así?”

“Así es Juez Rabino”

“Y este que encontró Jony Papa” Prosiguió el Rabino “Solo contiene cien de plata y diez de oro, ¿no es así Topamý?”

“Así es Juez Rabino” Topamý no podía contener una disimulada sonrisa en su cara

“Siendo así” Continuó el Rabino “La cosa está muy clara, el zurrón que encontró el muchacho no es el tuyo, con lo que decido que debes dárselo y esperar a que, con suerte, aparezca el tuyo con las monedas que dices que poseía”

Así recibió Topamý la lección de su vida y, Jony Papa recibió las monedas para comprar más ajos, muchos ajos.

Y Colorín Colorado, este cuento se ha acabado



   Siempre que seas honesto, honrado y humilde, obtendrás tu recompensa. El Karma existe y cada cual recoge lo sembrado


 “No te afanes en aumentar tus bienes, 

sino en disminuir tu codicia” 

(Epicuro)

 



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