El Secreto del Balde Roto
El Secreto del Balde Roto
“No existen las imperfecciones. Eso que llamamos imperfecciones,
están por y para algo. Todo tiene un sentido”
En un pueblito rodeado de verdes montañas y a la vera de un cristalino río, vivía un joven llamado Yam. Yam era un muchacho honesto y humilde que siempre estaba dispuesto a satisfacer a los demás. Siempre que algún vecino necesitaba ayuda, allí estaba Yam para echar una mano en lo que pudiese.
A pesar de su reconocimiento en el pueblo por su valía, a Yam le faltaba algo, se encontraba vacío. No sabía muy bien qué, pero no era feliz y a pesar de esforzarse por los demás no encontraba la plenitud en su interior. En ese sentido era muy perfeccionista y no toleraba algo que no rozase la perfección.
Yam decidió buscar respuestas a su vacío existencial y decidió visitar al viejo Mián, un sabio que vivía en las montañas y que la gente del pueblo recurría a él en busca de respuestas. A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba por el horizonte, Yam comenzó su andadura con un hatillo en su hombro y una pequeña manta.
El camino fué largo y duro. Pasó por acantilados y caminos solo aptos para cabras durante días y noches. Finalmente llegó a un valle precioso repleto de flores de colores y la hierba verde y fresca le llegaba a la rodilla. Aprovechó para echarse algo al estómago y descansar. Sacó del hatillo el último pedazo de queso y otro de pan y lo devoró en pocos minutos. Acto seguido, se tumbó en la hierba y durmió.
Cuando Yam despertó, el paisaje había cambiado por completo. Perdió el sentido del tiempo. El paisaje ahora era un árido desierto cubierto de pequeños arbustos secos por donde cruzaba un camino de piedras sueltas. “¿Qué demonios ha pasado?” Se preguntó Yam en voz alta. “Estaré soñando, eso debe ser, aún estaré dormido” Determinó con convencimiento. Aunque en realidad sabía que no era así.
“¿Estás soñando ahora? o ¿Fue aquel colorido paisaje que viste lo que soñaste?” Dijo una voz a su espalda que hizo a Yam reaccionar con sobresalto.
“¿Quién eres?” Dijo Yam retrocediendo unos pasos.
“Creo que me andas buscando. Soy Mián, el ermitaño de
las montañas. Y si no me equivoco, tú debes ser Yam, el joven sin identidad” La voz de Mián era casi un susurro, como una caricia del viento pero era clara y concisa. Su rostro era viejo y su piel curtida por el sol. Sus pómulos sobresalían de su cara dándole un aspecto cadavérico. Una brava larga y fina bailaba con el viento y daba la impresión de que sus delgadas piernas chascarían en cualquier momento.
“Sí señor, soy Yam y sí, vengo en su busca” Dijo el muchacho después de mirar de arriba a abajo al anciano.
Aquel sábio invitó a Yam a su casa y le ofreció una humilde cena. Charlaron hasta bien entrada la noche.
El viejo hacía preguntas a Yam para averiguar cuál era el motivo real de su visita.
“Muy bien Yam. Creo saber cual es tu respuesta, pero debes ser paciente y, cuando llegue el momento, lo sabrás. Ahora duerme, mañana tengo algo preparado para ti” Yam quedó convencido con sus palabras. Más que con sus palabras, con su susurro, una voz que te envolvía e hipnotizaba.
“De acuerdo Mián, ¿puedo llamarle Mián?”
“Ese es mi nombre”
El canto del gallo despertó a Yam de un plácido sueño. Mián estaba orando frente al despertar del sol. Cuando se incorporó, Yam le preguntó “¿Qué hacía frente al sol?” Le dijo
“Orar muchacho, agradezco mi existencia al creador, al maestro de maestros, agradezco un nuevo día, agradezco que mi cabeza recuerde mi nombre y agradezco que mi alma siga intacta” Respondió el viejo sabio. “Esta tarea la empezarás a hacer a partir de ahora Yam, por la mañana a la salida del sol, y por la noche antes de dormir”Concluyó Mián.
“¿Eso es todo? ¿Así encontraré la respuesta?” Preguntó Yam algo incrédulo.
“No hijo, eso es solo el principio. La siguiente tarea la empezarás en cuanto desayunemos. ¿Ves ese balde de zinc? Tendrás que ir cada mañana al río a por agua. Ese será tu cometido por un tiempo”
Después de un buen desayuno, Yam se dispuso a realizar su tarea cuando se dió cuenta de que el balde de zinc estaba perforado por un lateral.
“¡Mián, el balde está roto, así no podré traer el agua!” Dijo Yam al anciano el cual le contestó al momento.
“¡Deja las excusas para la ciudad y haz tu cometido!”
Yam obedeció y a pesar de su frustración, salió en busca del río a por el agua. Tardó algo más de una hora en llegar al río. El viejo no le dijo que estuviera tan lejos. El agua era fresca y limpia, se podía oler su frescor. Yam bebió y descansó unos minutos antes de llenar el balde y reanudar la vuelta a casa de Mián.
Una vez recuperó las fuerzas, Yam se puso en marcha. El joven aceleró la marcha al darse cuenta de que el balde iba perdiendo su carga en un hilo de agua.
“Tendré que darme prisa si quiero llegar con algo de agua en el balde” Pensó Yam. Cuando llegó, Mián lo esperaba a la sombra de una enorme higuera. “Bueno muchacho, veo que encontraste el río. Vuelca el agua en ese depósito por favor” Le dijo Mián sin levantarse de su silla de mimbre.
“No ha llegado mucha agua Mián, tan solo llegó una cuarta parte, el resto se fue perdiendo por el camino” Dijo Yam
“Está bién muchacho, mañana quizá sea mejor día y si el todopoderoso escucha tus oraciones, quizá te ayude a mejorar”
El resto del día fue muy tranquilo. Charlaban de todo tipo de temas. Yam no paraba de escuchar, quizá en alguna de sus palabras encontraba su solución.
Así fue como transcurrieron los días y las noches durante seis meses. Siempre la misma rutina. Oración al amanecer, buscar agua al río y las charlas interminables.
“Estoy cansado Mián. Llevo mucho tiempo aquí y no he aprendido nada. Esto de Orar está muy bien, y me gusta, no tanto como ir a buscar agua al río a sabiendas de que más de la mitad se perderá por el camino. Si arreglara el balde o comprara uno nuevo, tendría más agua y quizá no tendría que ir todos los días en su busca” Dijo Yam al anciano una mañana.
“En parte sí y en parte no” dijo Mián. “No existen las imperfecciones. Eso que llamamos imperfecciones, están por
y para algo. Todo tiene un sentido. Tu perfeccionismo no te deja ver la belleza de lo imperfecto. Deja fluir aunque creas que es incorrecto y te darás cuenta de que todo tiene su objetivo. Hoy, después de seis meses, ejecutando el trabajo que te encomendé, a pesar de las imperfecciones, quiero que te fijes en los cambios que se han producido sin darte cuenta. Presta atención a todos tus sentidos cuando vayas a por el agua y me cuentas a tu regreso” Sentenció Mián. Yam agarró el balde como cada mañana e inició su marcha. Al iniciar el camino quedó sorprendido. El camino estaba bordeado de plantas y flores de colores. Según caminaba, su nariz se inundó de fragancia, los pájaros cantaban sin descanso. No podía creerlo, ha sido un milagro. “Vaya, lo de dar gracias al todopoderoso da resultado” Dijo Yam mientras disfrutaba del paisaje.
A su regreso, Yam le contó al anciano lo que había visto con gran emoción. “Es todo maravilloso, donde antes solo había tierra, ahora es un verdadero jardín. Seguiré orando para que las cosas sigan cambiando. Ha sido toda una experiencia” Dijo Yam dejándose llevar por la emoción.
“Si, Yam, sigue Orando al Señor y ocurrirán cosas buenas. Pero, el cambio que has experimentado en el camino, no solo ha sido el todopoderoso. Has pasado seis meses caminando por el camino con un balde roto, ese camino solo necesitaba un poco de agua para revivir. Y ese agua se lo has proporcionado tú cada mañana a tu vuelta del río. La imperfección del balde, ha hecho resucitar a todo un jardín no solo de plantas, con las plantas llegan los animales y todo vuelve a cobrar vida. Una imperfección es capaz de cambiar toda una vida. En ocasiones hay que dejar que las cosas pasen, parezca mal o bien, todo lo que te sucede tiene un sentido y toda acción tiene sus consecuencias, malas o buenas”
Así sentenció el viejo Mián y así encontró su respuesta el joven Yam.
amc
FIN
Precioso, una vez más, tus reflexiones llegan justo cuando las necesito, después de orar mucho, y creer que todo estaba como antes de la ecatombe...pues no.
ResponderEliminarCada mala a, medio groguie escribo el día del mes y el año, en mi cuaderno de gratitud, eso me ayuda a ubicarme en tiempo y espacio, y doy las gracias, las escribo boli papel, una a una , por las bendiciones que tengo en mi vida, como hoy, que parecía que nada había cambiado...y anoche , mi pequeña, volvió a decir, mami, puedo dormir contigo???❤️❤️❤️ Gracias Alberto, La Gili😜🩷🥰
Hola mi Gilí.
ResponderEliminarGracias por tu gran comentario. Siempre, aunque no lo parezca, hay cosas en la vida en las que podemos apoyarnos para darnos cuenta de que, solo un granito de azúcar es capaz de endulzar el resto del día. Las pequeñas cosas son las que nos hacen grandes.
Espere leer pronto tu Blog. Te quiero Gilí.